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Un total de 1.785 startups, según la Asociación Española de Startups y más de 2.500, según Startupxplore, hay registradas en España. Plataformas de economía colaborativa como BlaBlacar, reserva de servicios de limpieza a domicilio como Clintu, o reserva de pruebas de coche online como TopConcesionarios son algunas de las start ups más prometedoras de España. La previsión de las principales 500 startups en España era la de generar más de 7.000 puestos de trabajo en 2017, prácticamente el doble de los que crearon en 2016. Ni la natalidad ni la potencialidad de las nuevas empresas parece ser ya el problema principal. Sin embargo, sí parece preocupante el raquitismo que aqueja a muchas de ellas, teniendo en cuenta datos como los que arroja un estudio de Startup made in Spain según el cual, de las 600 startups consultadas en la investigación, sólo el 1% supera los 10 años de vida.

Conscientes del problema, el Foro Educación, Emprendimiento, Innovación e Inversión (Foro E2I2) de la Real Academia de Ingeniería de España (RAIng), encabeza un estudio con el que se pretenden identificar las causas principales que frenan la robustez de nuestras startups. Con la participación de la RedEmprendia, el estudio, a punto de publicarse, aborda el problema desde una perspectiva holística teniendo en cuenta tres grandes áreas: La educación para el emprendimiento; la gestión de la innovación y el intraemprendimiento y la búsqueda de soluciones que faciliten el crecimiento de las startups.  Centrándonos en el último apartado, Javier Pérez de Vargas Cabrero, director gerente de la RAIng, adelanta algunas de las conclusiones del estudio:

Nuevos criterios de calidad empresarial
Lo primero que debería hacerse, según Vargas Cabrero, es disociar beneficio económico de potencial de crecimiento. “La calidad de una empresa no debe medirse siempre por la facturación o por lo resultados económicos. En los nuevos modelos de negocio hay bienes intangibles, modelos de negocio y propuestas de valor que, igual no aportan beneficios a corto plazo, pero ofrecen un gran potencial de cara al futuro”. Las nuevas empresas han dejado de ser intensivas en bienes tangibles y ponen el acento en las nuevas propuestas de valor o modelos de negocio. Como ejemplo, refiere Vargas Cabrero el caso de Airbnb, posicionada como la primera inmobiliaria global sin poseer ni un solo inmueble.

Reestructuración de modelos organizativos
Estructuras más flexibles, en detrimento de organizaciones fuertemente burocráticas y jerarquizadas, es otra de las recomendaciones que incluye el estudio. La tendencia es a modelos planos que propicien el aprovechamiento del talento de la empresa y la toma de decisiones compartidas. El desafío es, entonces, desarrollar capacidad para captar talento y retenerlo empoderando la organización desde la base. Con respecto a la falta de presupuesto para contratar a buenos profesionales, entiende Vargas Cabrero, que el dinero no debe ser excusa para procurarlos teniendo en cuenta que “no siempre se mueven por dinero. Dentro de la generación millennials, hay muchos que prefieren la experiencia y la oportunidad de formar parte del desarrollo de un proyecto interesante”.

La vista en el mercado
La misma flexibilidad que se pide en el interior de las organizaciones, se exige fuera. Es decir, capacidad de innovación y adaptabilidad a los gustos y necesidades reales del mercado. La innovación y la atención a los consumidores deben ser la obsesión de cualquier empresa con alto potencial de crecimiento, de la misma manera que no deben saber de fronteras. La preocupación principal será la identificación de nuevos clientes y servicios en cualquier punto.

Búsqueda de alianzas
Según Vargas Cabrero, el concepto ‘competencia’ ha quedado obsoleto tal y como se entendía hasta ahora, como rival. La recomendación para fortalecer tanto la pequeña estructura de las nuevas startups, como el ecosistema en general es buscar alianzas complementarias entre iguales como palanca al éxito comercial. También en el exterior interesa identificar aquellos partners que más nos convienen para abrirnos puertas en otros mercados.

Redefinir el marco regulatorio
El estudio de la RAIng concluye también la necesidad de propiciar un marco regulatorio más estimulante y de apoyo a las jóvenes empresas. Cierto que durante los últimos años se han producido notables avances en el enriquecimiento del ecosistema y la cultura emprendedora del país, pero se sigue echando de menos cierta laxitud que rebaje la presión fiscal y reduzca los trámites burocráticos en la constitución y fortalecimiento de nuevas organizaciones. Algunas de estas reivindicaciones ya se recogían en el Manifiesto de las Startups Españolas, donde claman por la instauración de un marco legal “propicio y estable para facilitar la creación, gestión y cierre de empresas”, la reducción de “las penalizaciones económicas por un negocio fallido” y la adaptación de la ley a los nuevos modelos de negocio generados por las startups.

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