bibliotecaPor detrás de la fullera táctica de ganar la atención de los lectores con un título que contiene las palabras biblioteca y caduco , mi intención es otra. La idea sobre la que me gustaría tratar ha surgido al analizar qué fallaba en ese artículo fantasma que sobrevuela este: realmente, después de dar vueltas al manido tema de la piratería y la cultura, no tenía nada nuevo que decir, al menos nada «profundo» sobre el tema. Y aquí está el tema sobre el que quiero centrarme: ¿se puede escribir un texto con profundidad que esté destinado únicamente a existir en internet?

Con esta pregunta no quiero insinuar que los ciberautores —un «palabro» que no sé si existe— no puedan aportar una visión nueva sobre el mundo, sino interrogarme sobre si el medio lo permite.

Es innegable que, tras la aparición de internet, gozamos de un acceso a la información mucho mayor, tanto en cantidad como en inmediatez, que cualquier otra generación de la historia. Indudablemente, conocemos —o podemos conocer— más datos que nadie antes que nosotros; ahora bien, aunque no parece discutible el hecho de que seamos los más informados, sí que lo es la afirmación de que somos los mejor informados.

¿A qué puede deberse lo anterior? ¿Somos más inútiles que nuestros antepasados, tenemos peor capacidad de comprensión y análisis? No creo que esta sea la razón, por lo que me gustaría esbozar varias posibles hipótesis.

Una de ellas es la abundancia, el exceso, la exuberancia de datos: si Platón estaba horrorizado por la escritura, porque evitaba que el ser humano ejercitara la memoria, no podemos siquiera imaginarnos qué pensaría de internet. En ella tenemos disponible casi todo lo imaginable y en un continuo crecimiento; ¿es posible profundizar en tal cantidad de datos?

Otra es nuestra actitud ante internet: ¿qué le pedimos? Básicamente, cuando nos ponemos delante del ordenador como usuarios, no como trabajadores, le solicitamos una cosa, que nos entretenga, que nos distraiga, y en esta última palabra se encuentra una de las claves. En cierto modo, nos plantamos ante internet como distraídos, pensando en otra cosa: leemos mucho más que años ha, pero ¿alguna vez retrocedemos en un texto cuando no entendemos algo?, aun más, ¿seguimos leyéndolo? (Muchos de los que han abandonado la lectura más arriba tendrán esta sensación, pero nunca conocerán que ellos, posteriormente, serían también protagonistas de este artículo.)

Como me comentaba una amiga no hace mucho, la mayoría de cosas que circulan por internet —este artículo, entre ellas— son puramente cháchara, charla de bar. Y ahí viene la dificultad que creo que experimentamos muchos y que se encuentra en el germen de este artículo; yo, al menos, no pretendo transmitir nada especialmente brillante, pero tampoco quiero contribuir mucho al ruido general de datos.

No quiero culpar a internet, como si se tratase de un medio inútil de transmitir contenidos profundos, que nos hagan reflexionar. Creo que simplemente se debe a su juventud; total, los que hemos estado calificando durante años a la televisión como la «caja tonta» somos los primeros que nos hemos quedado asombrados con las grandes series de los últimos años. Démosle tiempo, ya surgirá —seguramente ya lo ha hecho, pero yo no lo conozco— algún genio que encontrará el formato para poder darle más capas de pensamiento a sus palabras en el medio internáutico («palabro» dos).

Bueno, ¿y qué tiene que ver todo lo anterior con el título? Sinceramente, poco, pero tú puedes reflexionar sobre esta idea y aportar algo original; además, internet podría ser también una gran biblioteca, ¿no?

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